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Por Ricky A. Gomes, Presidente de TISOC

Mariano Rajoy asiste a sus horas más bajas a la luz del escándalo Bárcenas y de una crisis interminable que ya está a punto de saldarse con 6 millones de parados. Sin lugar a dudas, una situación nada fácil para un líder. Pero, cuidado, esa dificultad no justifica en modo alguno determinadas actitudes. Al presidente del Gobierno no le vendría nada mal el asesoramiento de un coach con el que revisar brechas bien visibles en su posicionamiento. Ahí van algunas de ellas:

1. Actitud de cambio. No parece que Rajoy esté dando cabida a la revisión profunda que necesita este país.  Cuando hay que cambiar, es importante, como dice John P. Kotter, obtener triunfos a corto plazo. Se pueden pedir sacrificios, pero también hay que ver resultados. Está claro que hay que gastar menos y equilibrar las cuentas públicas, y que, desde luego, la austeridad es importante, pero empecinarse solo en eso, y no idear políticas innovadoras de crecimiento es lo peor que este Gobierno puede hacer.

2. Actitud asertiva. Falta asertividad en este Gobierno. La asertividad es la capacidad de autoafirmarse en las propias convicciones, deseos o necesidades, previa evaluación de que dichas convicciones son buenas y merecen ser defendidas. Pues bien, hay que decir las cosas claras, gusten o no gusten. Este Gobierno les dice a los ciudadanos las cosas claras, pero, ¿se las dice también a los políticos, las instituciones y las comunidades autónomas?

3. Actitud de empatía. Este Gobierno no es empático con la Sociedad Civil. Para ser empático (hacer "rapport", como decimos en coaching) hay que vincularse, no basta con aparecer. Por un lado, Rajoy aparece mucho menos de lo que debería, y por el otro se ha olvidado de que con quien realmente debe estar es con la sociedad civil. Rajoy debería centrar su agenda en hablar con  los interlocutores sociales, pero no solo los sindicatos, hay otros actores muy importantes (jóvenes, ONGs, movimientos de indignados,  etc.). Escucharlos, preguntarles, hacer acuerdos mínimos de seguimiento, tomar nota y explicar los "para qué" se están haciendo las políticas y acciones de Gobierno.

4. Actitud de fortaleza. Hace falta más fortaleza. Esta bien hablar con nuestros socios europeos, es importante llegar a políticas comunes europeas, pero la sensación es que a veces "nos dejamos pisar".  Un país como España tiene mucho que decir, y para Europa, España es un asunto crítico. Esto significa que hay que ser equilibrado, está  bien escuchar, pero es muy importante poner las cosas claras encima de la mesa, y que también se vea que "el pulso no tiembla".

5. Actitud de comunicación. Cerrarse en Moncloa, desde luego no es la solución. La comunicación  tiene que ser ágil, transparente. No hay que decir todo, pero desde luego no nos podemos enterar de lo que pasa por la prensa, e incluso por medios internacionales. El gobierno haría bien en generar un mecanismo periódico de comunicaciones institucionales a la población, para decirnos que se esta haciendo, como se esta haciendo, para qué y que resultados se obtienen.

6. Actitud de escucha. Escuchar es importante, y parece que este gobierno no escucha, o mejor dicho, solo escucha a quien quiere escuchar. ¿No hay nada rescatable de las opiniones de otros? De todas partes podemos rescatar cosas positivas. Por ejemplo, muchos analistas internacionales y grandes economistas reconocidos dicen que hay que equilibrar políticas de austeridad con políticas de crecimiento, pero parece que el gobierno solo se ha centrado en las primeras y nada en las segundas.

Desde mi punto de vista profesional, este Gobierno se está viendo limitado por sus propias creencias, por aquellas ideas o generalizaciones que constituyen nuestra visión del mundo sobre la base de nuestras experiencias. Y parece que esa experiencia se limita en nuestro Gobierno a la austeridad, que aun siendo necesaria se está demostrando día a día que no es suficiente para facilitarnos una salida de la actual situación.