¿Desestresarse o no estresarse?

    23 de mayo de 2013. Por Dionisio Contreras Casado

De los accidentes laborales se lleva la triste palma de víctimas mortales, los accidentes en el sector de la construcción. El número anual de fallecidos, víctimas de accidentes laborales, es realmente escalofriante.

No obstante cuando hablamos de riesgos laborales, no podemos quedarnos únicamente observando el estrecho margen de los accidentes con víctima mortal. Una gran familia de riesgos laborales, está haciendo presencia últimamente de un modo alarmante: se trata de los riesgos psicosociales, y así, cada día es más habitual conocer a alguien con depresión o estrés causados por el trabajo, y nuevos anglicismos como Burnout o Mobbing, comienzan a formar parte ya de nuestro lenguaje cotidiano. Por todo ello, cada vez más empresas, además de intentar disminuir la siniestralidad, tienen entre sus objetivos abordar estos riesgos emergentes.

Es complicado encontrar personas, sobre todo directivos, que trabajando bajo presión sepan mantener un autocontrol emocional, y la sabiduría de dedicar a cada situación la atención, el tiempo y la ocupación que requiere, o directivos que manteniendo un fuerte nivel de exigencia en el trabajo, transmitan tranquilidad a la gente que tienen a su cargo. Más bien al contrario, es habitual encontrar jefes que, ante la más mínima dificultad o adversidad, se desbordan emocionalmente, y transmiten su estrés a gran parte, sino a toda, la organización.

A nadie se le escapa que tener a un trabajador contento y feliz es, empresarialmente hablando, mucho más rentable que tenerlo desmotivado o estresado, ya que de aquella manera, rinde más y muestra más fidelidad a la empresa, habida cuenta que es conocido el gran número de bajas que tienen como origen el estrés. Según daba a conocer recientemente el Instituto de Estudios Laborales de Evade, trabajar estresado aumenta exponencialmente la probabilidad de tener accidentes laborales, y aumenta el riesgo de que, de mantenerse durante un tiempo prolongado, derive en enfermedad mental. Respecto a la productividad empresarial, el estrés puede hacerla caer hasta en un 30%, según el mismo estudio.

Sin embargo, pocas empresas –menos de un 5%- luchan eficazmente contra el estrés laboral, a pesar de que ésta es la razón más señalada por los trabajadores españoles para abandonar sus empresas, según se desprende de dos concienzudos estudios de la consultora Watson Wyatt.

Entre las empresas que comienzan a hacer algo, las iniciativas más habituales suelen ser las asociadas a vestir de corto a sus directivos, llevarlos a un entorno campestre e invitarles a desestresarse con una oferta lúdico-deportiva más o menos hedonista. Otros ofrecen a sus empleados, en gimnasios de la propia empresa, clases de mantenimiento o pilates, asistencia psicológica o fisioterapeuta gratis durante algunas sesiones. Aún hay otros que organizan campeonatos de padel, football, golf, cursos de nutrición, o incluso llegan a financiar hasta un 70% de la terapia necesaria para dejar de fumar. Todo ello con el objetivo de desestresar.

Aún así, las medidas tomadas en torno a la prevención de riesgos laborales y las anteriormente citadas encaminadas a la mejora de la salud laboral, todavía caminan muy separadas, y mucho de lo que se está haciendo en las empresas con el objetivo de prevenir el estrés, no dejan de ser medidas puntuales y poco elaboradas, dejando poco lugar a estrategias organizacionales estructurales como incentivar la participación de los trabajadores para una flexibilidad en los horarios de trabajo, o fomentar una mayor compatibilidad del trabajo con las responsabilidades familiares. Más allá también, de medidas asociadas al ocio, la cultura o el deporte, algunas, aunque todavía pocas empresas, apuestan por programas educativos de corte emocional, o escuelas de espalda, que lejos de tener como objetivo desestresar, tienen como prioridad dotar al trabajador de recursos personales, para no estresarse.

Los riesgos ergonómicos y psicosociales, en el ámbito laboral, tienen una repercusión y unas consecuencias, lo suficientemente lamentables, como para que las únicas medidas que ofrezcan las empresas para intentar evitarlos, sean de corte paliativo.

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