Electracy

    17 de mayo de 2010. Dr. Ariel Orama López, CCC, CE, FA

¿Qué efectos produce la inmersión en los medios electrónicos? ¿Cuáles son las implicaciones del fenómeno “electracy” para el ser humano de una nueva década?

En primer lugar, la mención del término “electracy” recae sobre la figura de Gregory Ulmer –también estudioso del hipertexto y del ciberlenguaje-, quien acuñó dicho neologismo para referirse a aquella destreza relativamente nueva que está emergiendo a la par con proceso ya existente de alfabetización. El fenómeno ‘electracy’ está íntimamente relacionado con el avance tecnológico y la distribución del conocimiento proveniente de la conexión de Internet; se habla de ese conocimiento “repartido”, elaborado y distribuido típicamente desde y hacia las distintas instituciones privadas y públicas en las cuales transitan los cuerpos. Incluso en la intimidad de su recámara o su oficina, la pantalla de la computadora le seducirá con el poder y los grandes intereses convertidos en triple w (www). Por lo tanto, el conocimiento asociado al fenómeno “electracy” está ligado a los adelantos de la tecnología electrónica y sus aplicaciones: es decir, toma en cuenta la riqueza de productos que incrementan dicha experiencia, tales como los “scanners”, las cámaras digitales, los micrófonos y otros artefactos que componen este espacio “sin espacio”, así como la imprenta de Gutenberg fue en un momento ese detonador que provocó el giro oralidad-alfabetización (“literacy”) específicamente para el 1456. En dicho proceso transformativo del conocimiento, las nociones de la posmodernidad fueron claves, tomando en cuenta su cuestionamiento sobre el futuro –en vez del pasado-, el culto al conocimiento fragmentado que se consume a través del dominio electrónico y la concepción del conocimiento como “objeto de consumo”.

Según Gregory Ulmer, el binomio “literacy-electracy” ha producido o pretende producir una civilización compuesta por seres de encéfalos integrados; es decir, el desarrollo de seres pensantes que utilizan ambos hemisferios cerebrales. De esta forma, “electracy” se concibe como esa prótesis o valor añadido que aumenta el potencial humano orgánico en distintos niveles; por lo tanto, el “yo” es definido de acuerdo a la experiencia general de la inmersión en la red. Según Maybury, esto ocurre “a través de la riqueza de los códigos simbólicos que forman parte del aparato estético de este fenómeno de interconexión, los cuales van gestando nuevas formaciones electrónicas del conocimiento que trascienden el papel y la tinta. Allí cobra importancia el conglomerado de pequeñas cantidades de información que se replica a través de los procesos electrónicos, en la denominada época del “pick-and-choose”; “cut-and-paste”; “on/off”; 0/1).

Desde la dimensión de la “electracy”, el cuerpo –volátil o no- transita en lo electrónico y en sus veredas; por lo tanto, no se trata únicamente de una experiencia a nivel mental. Se habla de ese nuevo ser humano que experimenta de forma vívida una manera distinta de escribir, leer e investigar. Maybury diría que ese conocimiento que se consume a través de lo electrónico es “el alimento para el cerebro” y a la vez el “latido del corazón” del ser humano posmoderno.

Existen algunas distinciones entre aquellos que se encuentran inmersos en el conocimiento provisto por la red versus los que aún prefieren la lectura tradicional a través del medio impreso. Por ejemplo, quienes son parte de la corriente de alfabetización a partir de la “electracy” son más diestros en la utilización de los artefactos asociados a la computadora y sus funciones (ejemplo: teclado, mouse) y, sobretodo, han convertido a la computadora en su “memoria adicional”. Por otro lado, desarrollan una gran rapidez y precisión a la hora de hacer búsquedas en la red, mantienen alianzas con el extranjero a través de “amigos o aliados virtuales”, utilizan abreviaturas a la hora de expresarse por dichos medios (mensaje de texto, otros) y normalizan la acción de rersponder y asumir posturas contestarias a través de los medios digitales (ej. los foros). Asimismo, se convierten diariamente en productores y  consumidores de conocimiento a través de dicho medio (blog, artículos en línea, periódico digital), eligen libros virtuales (e-books) como parte de su lectura, expanden su visión del arte (ante la exposición a otras formas estéticas, como parte del “arte virtual”)  desarrollan una visión integrada del mundo, por lo que están expuestos a la globalización en todo su esplendor. Estos seres “enchufados” o conectados se convierten en poseedores (y “adictos”) de objetos nómadas que le permitan estar conectado a dicho universo electrónico.

Por otro lado, se encuentra el consumidor de información por medios impresos o el denominado “alfabetizado”, quien prefiere la lectura sedentaria de un texto, demuestra una gran fascinación por realizar anotaciones en las lecturas y cultiva el apego a la redacción  y producción de conocimiento por este medio.  El alfabetizado prefiere la memorización a la facilitación -o la dejadez- asociada a la fácil adquisición del conocimiento por el medio electrónico, valora la réplica exacta del conocimiento y aprecia el contacto directo con el otro a la hora de compartir dicho conocimiento (a través de la retórica, el discurso, los debates, la crítica). Esta figura tiende a valorar más lo tangible; por ejemplo, prefiere visitar un país y conocer su cultura o leer un libro sobre éste, de conocimiento preciso, versus entrar a un enlace elctrónico y observar un vídeo de la ciudad, in actu. El alfabetizado puede llegar a asumir que el universo de la Internet es impreciso, muerto y carente de valor: en este caso, lo impreso, lo tangible, lo memorable es sobrevalorado, y hasta concebido como sinónimo de poder (ejemplo: académico, estético, político) o autoridad. Claro está, como en toda transición, existe una gama de individuos que transitan entre los polos de la alfabetización y la “electracy”.

De esta forma, debemos reconocer que la inmersión en la red y en los procesos digitales sí ha proporcionado cambios en la manera de apreciar el conocimiento, e incluso en el proceso de convertirnos en conocedores del Mundo; esto, desde otra perspectiva, con una estética diferente. Esto nos permitirá observar los años venideros desde las nuevas gafas de la cultura electrónica. Y usted, ¿está preparado para enfrentar los desafíos de esta nueva experiencia del ser denominada “electracy”? ¿Ya se encuentra listo para conectarse a todo el Universo?

(El autor es Psicólogo Clínico, Coach Creativo Certificado (CCC), Coach Ejecutivo/Corporativo y Facilitador Autorizado de The International School of Coaching (TISOC)/CoachVille Spain, Barcelona. Puede contactar con el autor desde autores@tisoc.com).

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