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Por Dionisio Contreras Casado

Estrategia es un término que hunde sus raíces en la antigua Grecia. La palabra Strategos era el nombre que se empleaba para designar al general, o comandante en jefe y supremo de un cuerpo militar. El concepto en cuanto tal no alude a un verbo, se refiere a un individuo: el General, el Comandante de las fuerzas militares convocadas a resolver un Conflicto. Luego, estrategia es aquello que, básicamente hace el STRATEGOS, su tarea.

El General de ejércitos, o líder en las organizaciones, en tanto en cuanto strategos o estratega, es menester que conozca en profundidad la naturaleza de la Organización, ya que de ella emergen los esfuerzos colectivos, y se le suponen unas aptitudes indispensables que determinan unos buenos resultados, que perfecciona y mejora con conocimiento y práctica constante.

En el mundo empresarial, Estrategia puede ser definida como el Modelo de decisión que revela los objetivos o metas de la empresa, así como los planes esenciales para lograrlos, de modo que defina su posición competitiva, como respuesta de en qué clase de negocio la empresa está o quiere estar, y qué clase de organización quiere ser.

En su libro, “El STRATEGOS y la guerra en el mundo de los negocios”, Carlos Nava Condarco, Catedrático en “Política y Estrategia Empresarial”, de la Universidad Católica Boliviana, enumera cuatro aptitudes básicas de un buen estratega en el ámbito empresarial.

En primer lugar sitúa el CONTROL DE LAS EMOCIONES, entendiendo como tal, un control sobre sí mismo que garantice el control personal de las situaciones e inclusive el control del contexto. Nada más imprescindible para un estratega, que el conocimiento y control personal, ya que ante una situación de fuerte conflicto, el no control de uno mismo, puede devenir en un terrible desequilibrio, análogo al que se pudiera producir al intentar apagar las llamas con gasolina. Si el STRATEGOS no tiene capacidad de controlarse a sí mismo entonces no tiene la capacidad de controlar el Conflicto y nada más tiene por hacer en la lógica estratégica”.

Posteriormente, sitúa la MEMORIA, como aptitud. Memoria entendida como conocimiento acumulado por las experiencias pasadas. Un valioso conocimiento basado en la memoria colectiva de conflictos anteriores, y en su modo de resolverlos. Dice el profesor Navas: “el dicho afirma que “el diablo está en los detalles”, y pocas afirmaciones tienen tanto de verdad. Los detalles pueden terminar con una Organización, de la misma manera que lo pueden hacer con el amor, con la lealtad o con las buenas intenciones. Los detalles se encuentran detrás del éxito y del fracaso de los grandes emprendimientos”.

En tercer lugar sitúa la EMPATÍA, entendida como inteligencia interpersonal que nos identifica con el sentir de otras personas, ya que a un buen estratega (strategos) se le pide que tenga una entrenada capacidad de comprender el sentir del resto. Es un grave error pensar que, la toma de decisiones, en el seno de una empresa, es irremediable que venga acompañada de algún malestar en sus integrantes, y se enuncia a menudo aquel criterio de “la necesidad de romper huevos para hacer tortillas”. Pero no tiene porqué ser así. Se olvida que el reconocimiento del escenario, de sus dificultades y sus retos, se amplía cuando se reconocen los contextos, los conflictos y los retos de los demás.

La NEGOCIACION es enumerada contundentemente, por el profesor Navas, como la cuarta aptitud para un buen estratega:“Quien asuma que en la vida no tendrá que negociar nada es un tonto, y epíteto peor puede reservarse si esta convicción es sostenida por el STRATEGOS quien, ni más ni menos, se desenvuelve en el Conflicto. Si este es un juego en el que necesariamente se habrá de hacer concesiones, en un momento o en otro, una y otra vez, entonces bien vale la pena que al menos se domine el arte de hacer las concesiones con ventaja, esto es el arte de Negociar”.

Finalmente la DECISION, ya que para un estratega, son imprescindibles aptitudes de persona resuelta, valiente, templada y decidida, ya que cualquier vacilación, miedo visible o duda, pueden ser aprovechadas por el competidor como un tiempo muy valioso. Y como cualquier toma de decisiones implica asumir riesgos, tomar decisiones con seguridad y confianza, asumiendo y gestionando el riesgo, es una aptitud muy difícil de encontrar en los líderes de cualquier organización. El buen Stratego sabe que, si no hay riesgo, tampoco hay victoria.

Dionisio Contreras Casado Educador Social. Experto en Drogodependencias. Formador de Inteligencia Emocional.