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Por ​Pedro Palao Pons, Master Coach Grado Experto – Presidente de TISOC

Ser único, destacar, sobresalir, ser mejor, ser un referente, innovar.

Son lemas, banderas o estandartes que muchos definen como propios. Algo así como un eslogan de su naturaleza. Es perfecto, pero… ¿Hasta qué punto es real?

Claro que somos únicos y diferentes del resto. Todos somos singulares ¡Vaya novedad! Pero eso, sin acciones propias que reflejen algo más, solo nos sitúa en el estándar, en lo de siempre, en el grupo del pelotón, no en el liderazgo.

Destacar, no pasa por hacer lo mismo que otros pero a tu manera.

Sobresalir, no es solo publicar más fotos, más post o gritar más alto.

Ser mejor, no se sustenta únicamente en ofrecer lo mismo y más barato, habitualmente de peor calidad no, solo tangible, también emocional.

Ser un referente, no se consigue con grandilocuentes anuncios de lo que vendrá pero no llega ni pretendiendo sentar cátedras o mostrando títulos.

Ser Innovador, no es convertir la ”sopa de ajo”, en ”ajos en sopa”.

Somos únicos, sí, pero también globales.

Vivimos en un mundo donde todo se sabe, todo se juzga y todo se puede copiar.

Un mundo de interdependencias, colaboraciones -ahora se llama sinergia y alianza- o si se prefiere, ”inteligencia, economía o actitud del bien común”

Perfecto pero ¿común para quien? ¿Para los que se unen con el objetivo de nutrirse mutuamente y crecer juntos, cada uno en su singularidad o, tal vez, para los que haciendo lo mismo, persiguen un objetivo de rapiña y succión?

En el primer caso, la colaboración te ayuda. ”Yo soy mejor, porque tú lo eres”. En resumen: ”si a ti te va bien, a mí, también”.

En el segundo caso, la colaboración te perjudica. ”Yo soy mejor que tú y tú serás peor que yo”. En resumen ”si a ti te va mal, a mí me irá bien”.

Simplemente, pensamiento primario, reptiliano.

Hay quien traza el camino y quien se limita a seguir las huellas que otros van dejando.

Hay quien se esfuerza en buscar nuevos horizontes y nuevas herramientas que le lleven a su objetivo, manteniendo su integridad, honestidad, claridad y humanismo. Eso que acabará por convertirle en un referente, en un líder de prestigio.

En cambio hay quien no sabiendo ir más allá de su incompetencia, ego y vanidad, pensando que es, no solo diferente, sino mejor y exclusivo, actuará desde la soberbia, el desprestigio y la burda copia.

En el primer caso, el know-how, es del siglo XXI: digital y global. Desde fuera hacia dentro: ”Aprendo, comprendo, adapto, integro, evoluciono y ofrezco”

Por tanto, analizo mis paradigmas, pero también los del entorno, genero nuevos resultados y trazo nuevos caminos. Innovo y creo valor.

En el segundo caso, el know-how, todavía es el de la era industrial. Obsoleto. Es de dentro a fuera, se sustenta en el: ”Yo sé, (o creo saber) yo tengo, yo ofrezco”. No hay innovación. Es decir: me limito a recorrer tu camino, sin ser capaz de trazar el mío.

Dicen los gurús de la nueva empresa, que hoy ya no es suficiente con cambiar el envase, modernizarlo con colores más llamativos y expandirlo por las redes. Eso es el viejo producto, con traje nuevo. 

La empresa, el creativo, el líder, el emprendedor del siglo XXI, lo es y se le reconocerá como referente, por tener un nuevo producto, con nuevo envase.

Y claro, pensar, cansa.

Crear, en vez de remodelar, cansa.

Innovar, para trazar nuevos caminos o mejorar los ya construidos, agota.

Y tú, ¿qué prefieres?

¿Ser un referente o estar a su sombra?

¿Ser un líder, aunque implique cansancio, o ser solo un jefe que recorre con rabia y frustración el sendero que trazó el líder?

¿Qué prefieres, seguir con tus viejas creencias vistiéndolas de innovación o innovar para descubrir nuevas creencias?

Tú eliges, si copiar el modelo o fabricar el modelo.

Recuerda:

El líder del siglo XXI une cerebros y corazones en su recorrido.

El líder caduco del siglo XX, pisa las cabezas para llegar, aunque sea mal y tarde, a su objetivo.

Por ​Pedro Palao Pons, Master Coach Grado Experto – Presidente de TISOC