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Por Dionisio Contreras Casado

Últimamente sólo se habla de crisis desde una perspectiva de rendición, de sometimiento y de resignación. Algo terriblemente angustioso, negativo. Todos nos quejamos de ser víctima de ella. Y en gran parte es así. No se trata de negar la crisis ni sus perniciosos efectos.

Sin embargo la queja constante de la situación que vivimos, hace de cualquier contexto en el que aparece la palabra “crisis” se convierta en un escenario sentido como amenazante, de “culpables” y “víctimas”, (entre las que por supuesto nos encontramos nosotros). Sin embargo con esta actitud caemos en la parálisis, el bloqueo o el letargo que nos imposibilita para la acción, o para la reinterpretación o redefinición de todo lo bueno que puede haber en esto. Como en cualquier otro aspecto de la vida. Ni más ni menos.

Releyendo un texto de Albert Einstein (1879-1955) encontré: “No pretendamos que las cosas cambien si seguimos haciendo lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar “superado”. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia.
Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

Es difícil saber si existen “soluciones sistémicas” para hacer frente a una crisis global, ya que una “solución sistémica” debe afectar a la totalidad del sistema, y eso es tanto como decir  que hay que cambiar el sistema en su conjunto. Sin embargo, sí que es posible aprender a percibir la realidad como algo menos angustioso, y por otro lado es muy útil, porque de una mirada no apesadumbrada, es posible diseñar una acción madura y eficaz. Todo lo contrario de a lo que llegaríamos por el camino de la queja, la rendición o de un fuerte y bloqueador sentimiento de “víctimas”.

Hace tiempo escuché una historia:

Un buen hombre afincado una importante zona de tránsito de personas, decidió instalar un chiringuito en el que vendía unos exquisitos bocadillos que el mismo elaboraba. Cuenta que no oía nada bien, y dicen también que era ciego, por lo que ni leía prensa, ni escuchaba radio, ni veía televisión. Su vida era vender exquisitos bocadillos.

Cuentan que le iban bien las cosas y al año de llevar con el chiringuito, alquiló un terreno en el que levantó una bocadillería con un letrero luminoso, y así la gente compraba más y más su mercancía. Él se encargaba de chillar a los cuatro vientos: “Bocadillos, bocadillos calientes”.

Su trabajo aumentó, así mismo sus clientes y su fama, lo que le permitió comprar un terreno mejor ubicado y más grande. Sus ventas se incrementaron aún más, tanto que decidió contratar a su sobrino, un importante empresario que vivía en una gran ciudad, para que lo ayudara a llevar el negocio.

Cuando el tío llamó al sobrino, éste le respondió: “Tío, no escuchas la radio, ni lees los periódicos, ni ves la televisión? Estamos atravesando una gran crisis mundial, la situación es muy mala, y aún puede ser peor”. Inmediatamente el tío pensó que su sobrino podía tener razón, ya que trabajaba en una gran ciudad, y él si estaba informado a través de los distintos medios de comunicación. “Tiene que saber de lo que habla” pensó el tío.

Inmediatamente revisó sus gastos, sus ingresos, compró menos pan, compró menos jamón, menos tomate y menos de todo. Dejó de promocionar sus bocadillos y apagó el luminoso. Sus ventas comenzaron a decrecer. Finalmente colgó un cartel de “se vende bocadillería”.

Aquel día llamó a su sobrino y le dijo: “Gracias. Menos mal que me informaste… tenías tanta razón. Es cierto que atravesamos una fuerte crisis.”

O lo que es lo mismo: instalarse en un pensamiento, acaba confirmándolo. ¿Qué actitud frente a la crisis eliges?

Dionisio Contreras Casado Educador Social. Experto en Drogodependencias. Formador de Inteligencia Emocional.