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Esta es una invitación a digerir el momento!
Porque nada será igual después de esto; el mundo como lo conocemos ya cambió y aunque no parezca, nosotros también.
Cuando salgamos de nuevo, la convivencia será diferente. Las prioridades habrán cambiado y la realidad que veremos no es la que recordamos.
Todo parece una película, muy cruel por cierto y aún sin final. Sin embargo, el gran reto es digerir esta realidad en la que perdimos el control de nuestras vidas, de nuestra individualidad, de nuestra libertad de hacer a nuestro antojo.

Son muchas las teorías del ¿por qué? y ¿para qué? Estamos viviendo esto y algunos días me siento contrariada, con las posiciones en extremo positivas, que no me reflejan la realidad de lo que veo. Así que creo que, como la mayoría, tengo mis días buenos y otros días son una confusión.

No creo en una solución mágica para vivir cada uno de éstos días apocalípticos y es innegable que ésta es la prueba colectiva más grande de nuestros tiempos, la que no pedimos ni esperábamos pero que llegó para desnudar nuestra naturaleza humana sin piedad.

El exterior desapareció y la realidad que ahora vemos con claridad, es la que hemos creado para nosotros mismos.

Estamos algo melancólicos por lo que tuvimos y empezamos a ver un futuro con una incertidumbre que ya vislumbra una crisis económica y social descomunal. Estar inquietos es inevitable y por eso los últimos días me ha perturbado la idea que hay que tomar decisiones para mañana el día de hoy, pero en base ¿a qué información?, ¿a cuáles hechos si no sabemos qué viene, ni cuándo termina esto? Así que en este escenario revuelto, creo que hay que empezar por lo simple: asimilar lo que no podemos cambiar y sobrevivir en el intento.

Lo primero, aceptar la fragilidad de nuestra existencia porque esto nos permite convertir la fragilidad en motivación para vivir bajo nuestros propios términos. ¡Es hora de dejar de vivir por las expectativas de los demás de una vez! Debemos también aceptar que algunos planes que teníamos para el 2020 cambiaron, pero entendiendo que ésta es la oportunidad para explorar y crear nuevos escenarios que probablemente no habíamos considerado.

Una vez hemos aceptado el nuevo escenario, es importante ver hacia dentro; hay que digerir ¿quiénes somos hoy? y ¿dónde estamos según nuestras expectativas?. Cuestionar nuestra existencia actual sin piedad es la única manera de generar nuevos caminos. Cuando recuerde este momento y vea hacia atrás en 10 años, ¿Cómo me quiero recordar? ¿Cuál es el aprendizaje que conservaré?

También es importante cuestionarse sobre el ambiente que hemos elegido, ¿De qué manera hoy le aporto a quienes me rodean? ¿Estoy rodeado/a de las personas correctas o ya me conformé? No tiene nada de malo evaluar si estamos en el lugar correcto con las personas adecuadas y ajustar según sea necesario.

Como siempre nada es casualidad y nada pasa porque sí. ¿Cuánto más necesitamos ver para saber que no estamos solos y que no podemos solos? Por eso también este es el momento de prepararnos para la reconstrucción, para cuando tengamos que apoyarnos unos a otros para levantarnos. Así que cuando tengo días confusos pienso en lo que me dijo un día de cuarentena mi querido Fer: ¨Debemos prepararnos hoy para ayudar a otros cuando lo necesiten¨ Entonces como la rana, se me pasa la confusión, ¿Qué más necesitamos saber del mañana? La tarea es clara.

Cuando logramos digerir la realidad y nos decidimos por vivir hoy, nos preparamos para vivir un mejor mañana, cultivamos sin esfuerzo la resiliencia y somos más cálidos con nosotros mismos porque nos permitimos escucharnos sin el exterior de por medio.

Está bien tener días buenos y otros no tanto. Es válido reconocer nuestras emociones, así como decidir lo que queremos hacer con ellas. Si hoy no está siendo tan buen día, acéptalo, digiérelo y decide si lo llevarás así o prefieres cambiarlo por algo que te guste más. Es solo una decisión más.
No hay receta perfecta, pero estoy segura que este instante nos está preparando para vivir la vida como nunca antes la hemos vivido, ahora que sabemos que estamos vivos!

Kattia Morales

Master Coach de TISOC