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Por Silvia Díaz, Coach de Supervisión y Desarrollo Educacional de TISOC

Este mes viene ocurriendo todo tan rápido que casi hasta se me olvidó que era Navidad … Recién llegué de Chile y es ahora que empiezo a ponerme en contacto con mis sentimientos y emociones.

Siempre para estas fechas viene a mi cabeza una canción que ponían en un comercial de España, que decía, “vuelve, a casa vuelve por Navidad”, de turrones “El Almendro”, dulce típico de España, en el que se veía como las familias se reunían, tras largo tiempo sin verse y la alegría que se reflejaba en sus rostros por el reencuentro.

Hace ahora ya dos años y medio que vivo en Lima, lo cierto es que el tiempo pasa volando .. El primer año regresé a casa, (Barcelona), para Navidad y Fin de Año. El año pasado fueron mis primeras Navidades en Lima y el Fin de Año, lo pasé junto a mi familia en España. Este va a ser el primer año, que por circunstancias, no viajaré a España, por lo tanto serán mis primeras fiestas completas en Perú.

Este año extrañaré ver a mi familia, seguramente como otras personas que también viven en otros países y tampoco puedan viajar y estar con los suyos estos días.

Así que ahora lo único y más importante que nos queda es el vínculo emocional, éste no se crea únicamente en las Navidades, sino que se alimenta durante todo el año y durante toda una vida y es el que nos ayuda a sentirnos acompañados aún estando solos.

Hace unos años, una persona bien querida para mí, quien representó una gran ayuda para mi crecimiento personal, principalmente, me dijo, “Silvia, recuerda que aunque no nos vayamos a ver en mucho tiempo, el vínculo siempre se lleva en el interior, aún en la distancia física.” Y esa frase me hizo tanto sentido que me acompañó por el resto de los años y me sigue acompañando en el día de hoy.

No son pocas las veces, cuando viajo, que eso además es frecuentemente, que la gente me pregunta si no me siento sola. Mi respuesta siempre es, “no, el vínculo lo llevo en mi interior” y no es sólo una frase, sino que es un sentimiento muy profundo. No importa en qué país esté, Colombia, Ecuador, Costa Rica, Chile, Venezuela, Perú,..  me siento muy querida, cercana y cuidada tanto por las personas de TISOC, como a aquellas personas que me encuentro en el camino durante las Certificaciones y Proyectos, también en los hoteles que me alojo, hacen que me sienta como en casa. Decir que gracias a todas estas personas soy “rica en afecto”, un alimento que nunca acaba y hace que estar lejos de casa no sea tan duro en estas fechas.

Así este año, no veré a mi familia, pero como le digo a mi sobrino de 5 años, los llevo en el corazón y ahí es donde permanecerán el resto de mi vida.