Pedro Palao Pons – Master Coach· Presidente de TISOC

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¿Alguna vez te has detenido a pensar en el valor de las pequeñas cosas en la vida? ¿Qué precio le asignas al café en buena compañía, a la sonrisa de tu amor, o al consejo sincero de un amigo? Estas son solo algunas de las interacciones cotidianas que nos recuerdan que somos seres sociales por naturaleza.

Como mamíferos, necesitamos el calor del clan, la camaradería del grupo, la conexión de la tribu. Pero, ¿qué sucede cuando nos encontramos del otro lado de la ecuación y solo nos enfrentamos a la desconexión, el silencio o la falta de empatía y escucha? En esos momentos, sentimos la ausencia de un vínculo que nos haga sentir parte de algo más grande. Esto es lo se puede denominar como  “baja rentabilidad emocional”.

Es importante ser realistas. Nuestras relaciones sociales son un intercambio constante. Cada interacción implica dar y recibir algo a cambio: tiempo, afecto, apoyo, sueños compartidos, proyectos en común. Cada vez que nos implicamos en una relación -del tipo que sea-, activamos una serie de emociones y sensaciones que nos recuerdan nuestra humanidad. Sin embargo, ¿qué sucede cuando sentimos que solo estamos dando o recibiendo, pero no hay un equilibrio? ¿O cuando nuestras expectativas y esfuerzos no se ven correspondidos por los demás? Es en estos momentos cuando surgen la decepción, la frustración, el dolor por la indiferencia percibida. Nos sentimos incomprendidos, ignorados, tal vez incluso utilizados. Y es entonces cuando experimentamos esa baja rentabilidad emocional que puede afectar profundamente nuestra calidad de vida.

¿Qué podemos controlar en situaciones como las descritas?

Podemos elegir qué damos y qué retenemos. Podemos decidir a quién entregamos nuestro tiempo y energía, y a quién nos negamos. Podemos gestionar nuestras expectativas y ser honestos sobre nuestras necesidades y deseos. Sin embargo, no podemos controlar las acciones o reacciones de los demás, ni su percepción de la realidad. Lo único que podemos controlar es nuestra propia respuesta a estas situaciones. Entonces, ¿qué eliges hacer? ¿Prefieres callar y esperar a que los demás se den cuenta de tu malestar, o te animas a expresar tus sentimientos y necesidades de manera abierta y honesta?

Recuerda, la rentabilidad emocional, al igual que la bancaria, no depende solo de ti, pero puedes influir en ella mediante tus acciones y elecciones. Así que una buena pregunta para hoy, pero también para cualquier día es: ¿Quiero tener un día rentable emocionalmente?

Algunas preguntas que tal vez te ayuden

  1. ¿Qué pequeñas cosas en la vida consideras más valiosas en tus relaciones interpersonales?
  2. ¿Alguna vez te has sentido desconectado o incomprendido en una interacción social? ¿Cómo lo gestionaste?
  3. ¿Qué puedes hacer para equilibrar el dar y recibir en tus relaciones?
  4. ¿Cómo te sientes cuando tus expectativas no se ven cumplidas en una relación? ¿Qué puedes hacer frente a eso?
  5. ¿Qué acciones o comportamientos consideras que pueden mejorar la calidad de tus interacciones sociales?
  6. ¿Consideras que tu capacidad para expresar tus sentimientos afecta tus relaciones? ¿Cómo lo hace? ¿Qué podrías cambiar o corregir?
  7. ¿Qué puedes hacer para mantener una rentabilidad emocional positiva en tus relaciones, incluso cuando las circunstancias son difíciles?

No lo olvides: Todo cuando entregas y recibes genera emociones y sensaciones, química endógena al fin y al cabo. En tu mano puede estar obtener beneficio o perjuicio de ella. Así que… ¿Cuánto vale tu café en buena compañía? Y emocionalmente ¿lo quieres amargo o dulce? 🥵😋

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