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Por María García, Master Coach de TISOC – Facilitadora Internacional de Coaching Educativo

El Coaching Educativo es una práctica cada vez más cercana y familiar para padres y educadores, pero ¿sabemos exactamente en qué consiste?. Podríamos decir que el Coaching Educativo parte de un cambio de visión, de punto de vista, donde ahora el niño o adolescente es el protagonista y el adulto el acompañante que le guía en el logro de sus objetivos, ayudándole en el camino a conocerse y a superarse.

El coaching educativo es útil para padres, docentes y educadores en general, y en todos los casos se consiguen cambios importantes en los niños y jóvenes, como por ejemplo:

  1. Aumento de la responsabilidad personal.
  2. Mayor motivación ante los retos.
  3. Más autonomía.
  4. Mayor autoestima y confianza.
  5. Claridad en sus objetivos.
  6. Conocimiento de sus fortalezas y áreas de mejora.
  7. Habilidad para trazar planes de acción, empatía o liderazgo.

Si hablamos del coaching educativo para el docente, este pasa a ser un docente-coach y se aleja de la imposición y del liderazgo autoritario para pasar a uno democrático, donde él es el líder que sabe sacar lo mejor de cada uno de su equipo, sabe escuchar, rectificar y trabajar los objetivos comunes e individuales, manejando el arte de influir para confluir, como una llave que encaja en una cerradura y consigue abrir puertas.

El alumno se convierte entonces en el responsable de su aprendizaje, se empodera y es consciente de su realidad y de cómo superarse, con lo que se ve capaz de conseguir sus metas.

Además de cambiar su liderazgo, el docante-coach es capaz de trabajar individualmente con los alumnos, llevándoles a buscar las respuestas que ya tienen en su interior pero que todavía no saben encontrar, dándoles la confianza necesaria para creer en ellos mismos. Sabe trabajar con las familias, acompañándolos en la tarea de educar, escuchando sus inquietudes y llevándolos a conseguir sus metas como familia.

Este nuevo rol del docente es posible si empezamos por la base: la formación. Para cambiar el papel que ha ejercido hasta ahora es evidente que debe cambiar creencias y conductas y ese cambio requiere de formación, revisión personal y tiempo, aunque los resultados positivos se ven desde el principio. 

En el caso de los padres, el coaching educativo les brinda la oportunidad de interactuar con sus hijos como equipo, a la vez que se dejan claros los límites y los roles, imprescindibles para un sistema familiar sano y seguro. Desde el coaching, los padres saben darles la autonomía que necesitan, confrontarlos con sus decisiones, actuar desde la calma, hacerles asumir la responsabilidad de sus actos, enseñarles a conocerse y a conocer a los demás. En definitiva, consiguen proporcionar a sus hijos las bases que necesitan para convertirse en adultos felices.

Que el coaching educativo sea una práctica cada vez más extendida es una prueba de que funciona, de que conseguimos transformar la realidad heredada y de que el cambio de paradigma es posible. Os animo a vivir la experiencia de un educador-coach, no os decepcionará.

Por María García, Master Coach de TISOC – Facilitadora Internacional de Coaching Educativo