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Por Pedro Palao Pons, Master Coach grado Experto TISOC

Como especie, pasamos de cazar a cultivar. De improvisar a programar. De salir a buscar a ir a recoger. De comer en crudo a cocinar…

Nuestra historia es la del cambio, de visiones, ideas, retos y sueños. Somos lo que somos gracias al cambio y, sin embargo, seguimos resistiéndonos a él.

Queremos tenerlo todo acotado o cuanto menos programado. Todo, hasta qué vestiremos mañana según la previsión climática y qué emociones nos tocará vivir según los actos pautados en la agenda.

Vivimos en un espejismo conductual reiterativo. Creemos -en un acto de soberbia evolutiva- que gobernamos el espacio y el tiempo. Agendamos, hipotecamos y hasta nos ponemos el despertador, en la seguridad que mañana seguiremos vivos.

Poco a poco edificamos una zona de confort, que pasa de ser hogar a prisión fortificada por creencias limitantes que aseguran que lo mejor es lo de siempre, lo controlado, pautado y previsible.

Y un día hay que cambiar. Y un estremecimiento se produce y nos damos cuenta que todo eso que creíamos seguro no lo era tanto. Y aparece el dolor.

¿Te duele cambiar o te duele no controlar?

¿Te duele salir de la zona de confort o te duele la incertidumbre de qué hay más allá? ¿Te duele el tránsito o un resultado desconocido?

¿Té duele enfrentarte a una realidad que no controlas o no controlar lo que para ti es la realidad?

¡Felicidades por el dolor! Si no lo tuvieras, ya estarías muerto.

El dolor es una acción, una evidencia de qué afortunadamente estamos aquí para algo más que »hacer siempre lo de siempre».

Estamos aquí para cambiar.

Por Pedro Palao Pons, Master Coach grado Experto TISOC