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Por Miguel J. Roldán / Coach Presidente de TISOC

Normalmente estamos acostumbrados a hablar de coaching desde la perspectiva del coach, es decir del profesional del coaching, y pocas veces hablamos desde la perspectiva del líder.

Un buen líder tiene que ser un buen coach. No es casualidad que la mayor parte de las empresas Fortune 1000 usen el coaching en sus planes para desarrollo de ejecutivos, y tampoco que recientemente el estudio “El Buen Jefe” realizado por Google entre 10.000 directivos de la compañía arroje que lo primero que debería hacer un buen líder es ser un buen coach.

La forma en la que se le lidera en la actualidad, está cambiando. El entorno económico cambiante, las crisis, la incertidumbre, han hecho que surjan nuevas formas de liderazgo efectivas para la consecución del éxito, que han desbancado a conceptos tradicionales en el ámbito de la dirección. El directivo actual para lograr sus objetivos tiene que cambiar el modo en el que lidera sus equipos y saber desarrollar habilidades propias de un coach.

El desarrollo de las habilidades de coaching en un líder se basan en el crecimiento de actitudes positivas, y se centran básicamente en cuatro: empatizar, escuchar la expresión completa de los otros, no solo sus palabras, también su cuerpo y su emoción, conversar de forma que se obtengan compromisos concretos y específicos y sacar lo mejor del talento de cada uno para ponerlo a disposición de los otros.

La forma en que se lidera ha cambiado necesariamente. La situación económica actual, la nueva cultura empresarial, hacen que los métodos tradicionales de liderar equipos hayan cambiado y que, en este campo, tome importancia las habilidades que se aprenden con el coaching. El directivo de éxito sabe transmitir los objetivos de la empresa, y, al mismo tiempo, hace que su equipo los interiorice y tome acción en torno a ellos, lo que le permite tomar decisiones más claras, porque se sitúa mejor en la realidad actual, y al tomar conciencia muy clara de ésta tiene muy claros los objetivos que desea  alcanzar, están muy focalizados. A partir de aquí, la responsabilidad del equipo hace adoptar un compromiso muy fuerte en relación a la consecución de sus objetivos.

El líder para aplicar habilidades de coaching necesita antes aplicárselas a sí mismos, es como un proceso de autoliderazgo. Algunas personas son más conscientes que otros de sus debilidades. En virtud de la experiencia adquirida en el aprendizaje con  tu toma de conciencia personal, adquieres habilidades para seguir aprendiendo en el mundo de los otros. Esto puede incluir mejores habilidades de cuestionamiento, la capacidad de escuchar mejor, y la capacidad de guardar silencio y no ser reactivo (“antes de gritar, cálmese…”).

El liderazgo es, por tanto, una mezcla de saber inspirar y saber apoyar, y nada mejor que aplicar habilidades de coaching para desarrollarlo. Un buen líder es un buen coach.