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Por José Luis Fuentes

La memoria tiene emociones. Porque cuando recuerdas, eres capaz de combinar imágenes con sensaciones, colores, músicas y reacciones psicofisiológicas que representan modos de adaptación a ciertos estímulos.Llevo toda mi vida estudiándolas de forma empírica, construyéndolas desde el aprendizaje…Catalogándolas en mi retina emocional.

Por eso, lo que algunos entienden como debilidad, exposición indebida, yo lo  descubro como zona vital de expresión, porque “ex -presar” es” sacar de la cárcel las emociones”, que debido a nuestra “educastración” pueden estar encerradas, lo que, mucha veces nos puede llevar a un impacto brutal de explosión emocional.

Descubrí hace muchos años que no hay emociones buenas y malas, sino adaptaciones  a estímulos que usamos para avanzar o para retroceder. El miedo en sí no es bueno ni malo. Te puede salvar la vida, o arruinarte en cuestión de segundos…Todo  depende del uso y reacción que tengas ante tus acciones.

Por eso, es fundamental, como principio activo de la inteligencia emocional, conocerte a ti mismo, desarrollar estrategias de supervivencia, que perduren en el tiempo, que lleven a tu cerebro a crear neuroconexiones con memoria suficiente para repetirse  cada vez que sientas de determinada manera.

De lo contrario, tu cerebro funcionará de forma inversamente proporcional, recordará los estímulos negativos y volverá a recrearlos una y otra vez, generándote un bucle de negatividad en tus pensamientos que tu mente y tu cuerpo prolongará en una inusitada agonía…las emociones tienen “Deja vú”.

Un “deja vú”, es un tipo de paramnesia en la que tenemos la experiencia de sentir algo que ya hemos vivido o experimentado. Lo mismo ocurre con nuestras emociones. El miedo, la ira, a la alegría, la tristeza, el asco, la vergüenza, la sorpresa…Cada una de nuestras emociones experimentando s  durante nuestra vida se guarda en nuestro cerebro. ¿Para qué generar un nuevo estimulo adaptativo si ya lo hemos vivido y sentido?

Esta sería la teoría, por la que si hemos sentido de determinada manera, siempre sentiríamos lo mismo. Y no es así. Aunque las neuroconexiones tiendan a repetir nuestra manera de sentir, sabemos desde hace años de la neuroplasticidad de nuestro cerebro, que permite adaptarse continuamente a nuevas experiencias vitales. El cerebro humano es plástico, capaz de modelarse y y cambiar su estructura ante nuevos hitos significativos. Podríamos decir aquí usando la famosa frase: “si siempre hacemos lo mismo, obtendremos los mismos resultados”… Si siempre sentimos de la misma forma, nuestras emociones serán las mismas”. Y no es verdad.

Tenemos, la tremenda capacidad de cambiar, evolucionar, generar nuevas acciones que crean nuevas reacciones, elegir diferentes caminos, parar y volver a cambiar, modificar, desarrollar, combinar y resetear nuestros pensamientos. ¿Y cómo lo hacemos? Viviendo nuevas experiencias de forma diferente. Arriesgándonos a vivir. Disfrutando del error como sistema de aprendizaje,reaprendiendo cada día y con la curiosidad de un niño, que combina miles de nuevos ensayos para aprender….

En mis talleres de experiencias emocionales realizo un ejercicio al que denomino “cata emocional”. Los participantes, con los ojos tapados (los procesos de ojos cerrados ayudan a estimular el hipocampo puesto que la vista es uno de los sentidos más desarrollados, al prescindir de ellos, ayudamos a que el resto de sentidos se hiperactiven y conecten con nuestra memoria emocional)realizan una cata emocional: se les proporciona objetos, dulces, sonidos, que tocan, huele, prueba, escuchan,  y  a continuación escriben en forma de cata, los recuerdos unidos a ese objeto, sonido, o dulce, las experiencias vividas y las emociones conectadas. Les parecerá increíbles pero las personas que lo realizan se retrotraen a su más tierna infancia, a los primeros años de escuela, al tacto de su madre cuando lo lavaba con agua caliente, a las fiestas de navidad con la familia, recuerdan  escenas completas, colores, olores, puesta en escena con personajes íntimamente unidos a sus experiencias…y emociones.

Ahora, en la fase adulta, tenemos la capacidad de reconciliarnos con nuestro pasado, comprometernos con nuestro presente y apostar por nuestro futuro. Debemos saber que el cerebro es un aliado, y los pensamientos, un ejército  de 60.000 soldados diarios que, depende de nosotros estén en la barricada defendiéndonos o atacándonos…

Si la actitud es la antesala de la conducta…Las emociones son la puerta que nos facilitarán nuestros logros…

Así que, no hay más remedio…que entrenarnos para ser felices.

El fin último de todos los seres vivos es alcanzar la felicidad, y el ser humano tiene la inmensa capacidad de entrenar su  conducta para modificar su presente y apostar por cada uno de sus sueños.

Coach José Luis Fuentes. Organizational Management &Emotional Leadership Expertisse.